Donde las montañas de los Pirineos se encuentran con el Mediterráneo comienza la Costa Brava, una franja litoral de accidentada belleza en la que el azul del mar y el verde de los pinos definen un paisaje de una armonía sorprendente.
En el extremo norte de Cataluña se sitúa el primer escenario de ese encuentro, el Parque Natural del Cabo de Creus, un paraíso para el submarinismo. El Port de la Selva y Cadaqués son pueblos de pescadores que recuerdan y mantienen vivos los vínculos de sus habitantes con el mar.
Vecino a Cadaqués, Portlligat es uno de los tres lugares que mantienen viva la memoria del genial Salvador Dalí; allí se encuentra la que fue su casa-museo. Los otros dos son su ciudad natal, Figueres, con el Teatro Museo Dalí, donde se exhibe una extensa muestra de su obra, y el castillo de Púbol, donde el artista pasó sus últimos años.
En la gran bahía de Roses se hallan los Humedales del Empordà, espacio natural de pantanos y marismas de enorme valor ecológico, y los restos de la ciudad de Ampurias, uno de los primeros asentamientos grecorromanos en la Península Ibérica.
A lo largo de la costa se suceden playas, calas, ensenadas y localidades llenas de sabor y tradición, como L’Escala, L’Estartit, Calella de Palafrugell, Palamós, Platja d’Aro, Lloret de Mar, Sant Feliu de Guíxols o Tossa de Mar. Estos centros turísticos de primer orden tienen el carácter alegre y bullicioso de los lugares bañados por el Mediterráneo.
El espacio natural de las islas Medes es un lugar privilegiado para la práctica del submarinismo.
El interior encierra sorpresas como los enclaves medievales de Pals, Peratallada y Monells, en los que un día se detuvo el tiempo. Girona, la capital de la zona, es una ciudad a la vez antigua y moderna, humana y cosmopolita, con atractivos monumentales como su gran catedral, compendio de múltiples estilos, las murallas romanas o el Call, el antiguo barrio judío.
Tierra adentro la naturaleza se manifiesta en todo su esplendor en el área volcánica de La Garrotxa o el tranquilo lago de Banyoles.
Vetustos monasterios como el de Sant Pere de Rodes, impresionante atalaya sobre el mar, y numerosas iglesias románicas repartidas por la región dan fe de un pasado feudal y religioso que ha marcado el carácter de un pueblo.
La gente de la Costa Brava, depositaria de una cultura milenaria, se toma la vida con calma aunque sin renunciar a su espíritu festivo. Su gastronomía ocupa un lugar de honor: el mar proporciona frutos para los monumentales guisos marineros, y la tierra, hortalizas de gran calidad y los vinos de la Denominación de Origen Empordà-Costa Brava. Mención especial merecen la caza y, sobre todo, las setas, por las que los habitantes de la región sienten auténtica pasión.
Juega a golf en:
Costa Brava
Golf P&P Gualta
Alojamiento:
Costa Brava
Hotel Mas Crisaran